Oliendo la primavera

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No sé si lo habrás notado. Es muy sutil, a penas imperceptible. Sigue haciendo fresquito pero a ratos ya puedo llevar el abrigo abierto y hay días que la bufanda me sobra. Los días empiezan tímidamente a ser más largos y las manadas de aves empiezan a bailar en el cielo. Aún nos quedan un par de heladas, así que no bajaré la guardia, pero reconozco que saber que está cerca me alegra la existencia.

Después de casi cinco años en el Norte puedo reconocerla a lo lejos. Empieza la temporada de lluvias repentinas, días en los que el agua cae a plomo para a continuación dejar el cielo, el suelo y el ambiente relucientes, y entonces un sol gigante nos embadurna de vitamina, pero cuando aún ni te has acostumbrado a él vuelve a caer el chaparrón… le gusta jugar al despiste y no quiere que te relajes. Sigue leyendo