Batiburrillo invernal o lo que nunca te enseñé…

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Si estás aquí leyéndonos lo habrás comprobado, la costura es una afición muy gratificante porque no sólo mantiene tu mente y tus manos ocupadas durante largas horas, sino que además te permite hacer apaños hogareños que nunca hubieras encontrado en los comercios y con unos pocos euricos tienes soluciones muy prácticas…

Pero no siempre son maravillosos los resultados que obtienes. A veces nos equivocamos: la elección de la tela incorrecta, el color no es el adecuado o el resultado no es el deseado. Hoy el post es un resumen de algunas de esas labores que nunca te enseñé. Unas veces porque no seguí un paso a paso y por tanto no me pareció oportuno enseñarte sólo el final, no le veía utilidad; otras porque era algo tan sencillo que no había contenido para hacer un post con un DIY y otras porque el resultado me parecía tan “cutre” que me daba vergüenza enseñártelas jajajaja!!!. Hoy me lío la manta a la cabeza. Sigue leyendo

DIY toalla con capucha

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A veces el mejor plan lo tenemos más cerca de lo que creemos. Nunca les gustó ir a clases de natación y reconozco que no insistí pese a la tranquilidad que me da eso de que sepan flotar. El verano pasado él aprendió a nadar de forma natural, con sus primos, buceando en las cálidas aguas mediterráneas, y ella al final del verano consiguió defenderse bastante bien; pero hacía ya casi tres meses de eso. Así que decidimos organizar un plan entre semana algo diferente, ya sabes, un chute de anti rutina para estos días pre-navideños. La piscina climatizada de un hotel que se encuentra en un pueblito vecino nos estaba esperando y ellos emocionados con mi noticia. Y con este planazo  estrenamos nuestras toallas handmade! Sigue leyendo

J´adore tartán…

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Hoy me paso de puntillas y casi por casualidad. Tenía ya vestida a mi peque para ir a un cumple el sábado pasado y me percaté que nunca te había enseñado este vestido. Ya lo sabes. El tartán me tiene atrapada. Me gusta en todos sus colores, formas y matices. Para el invierno es el rey. Aunque voy a reconocerlo, el de hoy no es nada nuevo… lleva con nosotros ya nada más y nada menos que tres temporadas. Lo que empezó siendo un jesusito de bebé ahora es una especie de chaleco. El corte es trapecio y la tela la puse al biés, ya sabes, no según la trama de la tela sino ladeada. Con ello consigues darle mayor elasticidad y cierto acampanado. Sigue leyendo

Vichy también en invierno (DIY pichi niña)

img_7763Me meto en la ducha y me acuerdo… debería comprar una exfoliante corporal; me lavo los dientes y me viene a la cabeza que tengo que pedir hora en el dentista para la limpieza bucal; siempre que voy a la peluquería me hacen acordarme de esa pequeña verruguilla en el cuero cabelludo que llevo años queriéndome quitar y que nunca encuentro el momento; y ya de paso, me vienen también a la cabeza esas otras pecas repartidas por todo el cuerpo; Anda! la visita al ginecólogo, por no decir que quizá debería hacerme una analítica. No sé, eso quizá lo deje, ¡total! yo me encuentro bien, ¿para que hurgar? como diría mi padre ¡no vaya a ser que me encuentren algo!! jajaja. Mis necesidades básicas han quedado postergadas unos cuantos años para cuando vuelva a ser uno, o por lo menos sólo seamos dos. Ahora sus futuros dientes, sus ojos, sus dolores, su salud… me pertenecen. Así que por un tiempo, dedicaré todos mis esfuerzos en ellos y la exfoliante, en todo caso, lo dejamos para el mes que viene… te suena todo esto ¿verdad?  Sigue leyendo

La vuelta al cole con un 60´s dress!

img_7355Ya, ya se que llevamos un mes largo de rutinas y que ya estas harta de oír eso de “la vuelta al cole” por todos lados, pero es ahora, y no cuando había que comprar los libros y los lápices, cuando la vuelta a las aulas se siente en todo su esplendor. Atrás quedó la jornada reducida donde las tardes nos permitían jugar hasta caer rendidos y hacer planes diferentes. Ahora, largas jornadas escolares que nos dejan apenas tres horas para merendar, jugar un ratito o ir al parque, leer o hacer deberes, duchas y cenar. Desde luego a nosotros se nos quedan muuuy cortas. Tan sólo un mes ha sido suficiente para que con apenas cuatro años ella haya llegado a la conclusión de que no le gusta ir al cole; me dice, me cuenta, que se le hace muy largo, que tiene que trabajar mucho, que este año ya no tienen casi tiempo para jugar en clase… y yo cada vez me hago más y más pequeña!! Él ya se ha acostumbrado, y por no hacer ya ni se queja!!

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Batiburrillo otoñal

img_7046Yo creo que Marie Kondo cuando escribió su libro La magia del orden no tenía hijos!! Es imposible que los tuviera y que escribiera cosas como “el mejor momento para empezar -a ordenar y tirar- es de madrugada”, “mi mejor criterio para decidir si conservamos un objeto es que debemos sentir felicidad cuando lo tocamos”, “el número de pliegues -al doblar la ropa- debe ajustarse para que, cuando la ropa doblada quede vertical sobre el extremos, quepa en la altura del cajón”, “trata tus calcetines y medias con respeto”… no me gusta mucho incorporar emoticonos a los post, pero por favor, añade mentalmente varios de esos muñecajos `ojipláticos´!!

Estaba yo el otro día haciendo limpieza de juguetes. Creo que es de las cosas más odiosas que hay en este mundo: ese plástico medio roto que supuestamente no pertenece a ningún juguete identificado y que lleva meses rondando por la casa hasta que un día decides tirarlo a la basura, ese precisamente es el que tu hijo nada más llegar a casa pregunta por él… mamá, esos palitos de helado azules que dejé en mi cajón dónde están? Y antes de que me taches de mala madre por tirar cosas sin preguntar debo defenderme diciéndote que mis hijos a su corta edad arrastran ya un pequeño Diógenes totalmente impropio de su edad!!  jjajajaja. Reconozco que en cierto modo lo he provocado yo con las manualidades de reciclaje. Por todas partes ven una segunda oportunidad: cogen plumas de pájaros de todos lados, guardan flores secas del parque y siempre me proponen hacer con ello un trabajito!! Sigue leyendo

Turista en tu propia ciudad (DIY vestido pichi de niña)

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Vivir en un pueblo turístico tiene muchas ventajas. Llega la temporada estival y para tí la vida sigue casi igual, pero los visitantes están entusiasmados, desinhibidos, disfrutones, impregnados de un halo de slow life que se contagia. Es una escena habitual en mi día a día: me voy a caminar al atardecer y me voy cruzando por mi camino paseantes observadores; a veces son sólo gentes locales, otras marineros de buques que necesitan pisar tierra firme, pero la mayoría de ocasiones son transeúntes de paso que disfrutan de ver el anochecer desde ese lugar tan mágico que a veces a ti te pasa inadvertido. Entonces me giro y lo miro. Es francamente bonito. Otras lo inmortalizo y lo comparto en redes.

¿Y por qué no sentirnos como ellos en nuestro día a día? ¿por qué no salirnos de nuestra cuadriculada rutina para convertirnos en turistas en nuestra propia ciudad? Sigue leyendo