Archivos Mensuales: abril 2016

Historia de un bolso (y DIY kimono)

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El otro día me compré un bolsito tipo bandolera, y cumplía dos de los tres requisitos, ya sabes, bonito y barato. El tercero aún está por ver… Lo vi en un escaparate de la gran manzana valenciana en nuestra escapada a las Fallas y fue un flechazo!! Tenía todos los ingredientes que me faltaban en ese momento en el preciso instante que pasé por delante de él, porque al verlo lo primero que me vino a la cabeza fue verano, calor, agua, energía, sol… si, lo sé, más de lo mismo!! Pero no sólo eso, tenía el tamaño justo para meter en él unas llaves, el móvil, una barra de labios y ya!!! Tan sólo veinte por veinticuatro centímetros de un bolso extrafino pluscuamperfecto que en el justo momento en el que lo pagué prometía cambiarme la vida 😆. Sigue leyendo

Hoy pintamos con…

IMG_4958Ya sabes que lo nuestro es pintar, bueno, más bien lo suyo. ¡Les encanta! En el salón tienen una mesita a prueba de pintarrajazos y pasan largas horas ahí. Pero cada cierto tiempo, damos un paso más y sacamos acuarelas, témperas, ceras… o pintauñas!! jaajaj. Sí, sí, has oído bien! Pero para ello nos vamos a nuestra mesa de trabajo, es decir, a la cocina!! Así que hoy en El mar del Norte pintamos con… Sigue leyendo

Una excursión en familia a las cuevas de Andina

covas de andiaEmpieza la temporada de excursiones y con ella mi búsqueda incesante de sitios nuevos por descubrir. Casi cuatro años llevamos ya por aquí y aún tengo un largo listado esperando “el momento”. Algunos de ellos queremos disfrutarlos sin demasiados turistas, así que ahora es el momento; para otros tenemos que esperar a que el ambiente sea más cálido. Pero salir al campo sin más casi siempre es un buen plan sobre todo con ellos, donde cualquier fruto, cualquier palo y cualquier flor se convierten en algo extraordinario.

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Convivencia feliz en primavera

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Si tienes más de uno, de un hijo me refiero, seguro que te habrás desquiciado en más de una ocasión con sus desavenencias. Hubo un tiempo, no hace tanto, que estaba tan harta que incluso decidí bañarles por turnos. Ni siquiera el relax del vapor y del agua calentita lograba apaciguar a las fieras. No eran grandes discusiones, sólo del tipo “te tiro un poquito de agua en la cabeza que previamente he puesto en un cubito y he dejado enfriar”, lo que desataba un grito aterrador; o ese juguete arrebatado sin posibilidad de huída con el consiguiente berrido de desesperación. Sigue leyendo