Escapada a la Toscana con niños, ¿por qué no?

Florencia, ponte vecchio

¿Crees que viajar con niños les aporta beneficios o que las vivencias y experiencias vividas a tan corta edad no les deja huella y se les olvida fácilmente? Nunca he dudado de lo muy positivo que es para nuestros hijos viajar, por la pura experiencia que he vivido haciéndolo con ellos, aunque reconozco abiertamente que si pudiera, en más de una ocasión, los dejaría y me iría de viaje romántico con el pater familias -que también es muy positivo-, pero nuestras circunstancias familiares y personales no nos lo permiten; así que una vez asumido esto, y asumido también el incremento económico que todo viaje conlleva al ir con ellos, me puse a indagar sobre este asunto.

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Mi interés por conocer más sobre este tema no me llevó hasta el extremo de estudiar psicología y hacer una tesis doctoral, sino que me limité a indagar en la red y me encontré este interesante artículo de FAROS, es decir, del Observatori de la Infància i l’Adolescència, impulsado por el Hospital Sant Joan de Déu, cuya misión es recoger y analizar la información de releváncia en el ámbito de la salud infantil.

El artículo comienza afirmando que “Viajar aporta a los niños grandes beneficios para desarrollarse social y emocionalmente, y les genera una nueva actitud ante la vida y hacia los demás“.

A continuación estracto algunos fragmentos del artículo que me parecieron muy esclarecedores:

“A través del viaje… desarrollan un pensamiento más racional, reflexivo y crítico y, además, adquieren nuevos valores y habilidades de tipo emocional y social, entre otros”.

“Viajar también sirve para aumentar la capacidad de observación, que incentivará a los niños a adoptar un papel más crítico y reflexivo ante la vida”.

Los viajes “fomentan la capacidad de adaptación, la flexibilidad y la paciencia de los niños”.

“Se crea un espacio ideal para el aprendizaje de valores, de respeto por las normas, y para el desarrollo socioafectivo y emocional con la familia”.

“Es una oportunidad para conocer nuevos sabores y olores”.

“Si bien es cierto que hay mucha literatura y recursos sobre viajes (apps, cuentos, películas, etc.) y esto permite hacer volar la imaginación y la fantasía, los niños aprenderán mucho más si viajan de verdad”.

“Viajar con niños puede ser una experiencia muy agradable y placentera que no se acaba el día de regreso, ya que crea memorias y experiencias inolvidables que acompañarán a los niños a lo largo de toda la vida”.

Con sólo 2 y 4 años los niños volvieron del viaje diciendo algunas palabrejas en italiano y llamándose “bambino picolino”;  se pasaron una semana jugando a hacer maletas y a montar en un avión -en lugar de las habituales cabañitas-; a veces les sorprendo jugando a que están en Suiza, o en León, o en Valencia; cada cierto tiempo les gusta repasar los distintos destinos que conocen, y los que anhelan conocer -por lo que nosotros les contamos-; Nada más llegar, y por pura casualidad, en el colegio comenzó el més de la gastronomía italiana, así que F. fue durante unos días un alumno aventajado.

Cuando se viaja con niños pequeños hay momentos de crisis, por supuesto, pero suelen ser bastante manejables: un picor de espalda en plena autopista, una piedra en el zapato -o unas cuantas- paseando por los jardines de Boboli (creo que tuvimos que quitar los zapatos unas 15 veces!!), ese quiero dormir en el avión, porque estoy agotada  pero por la emoción no puedo, y claro, arranca el llanto descontrolado.

Además, al parecer según un reciente estudio de la Universidad Estatal de San Francisco, la clave para vivir alegre es generar recuerdos en base a experiencias y vivencias personales -las cuales suelen conseguirse al viajar- Así que, ¿por qué privar a nuestros retoños de esta dosis extra de vida alegre?

Este pozo de recuerdos y vivencias no creo sean baladí, estoy convencida que el poso experimental se les queda grabado con fuego.

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Así que hoy te narro y te ilustro con fotografías nuestra experiencia, la de viajar a Florencia con dos bebés grandes.

Cuando estábamos preparando el viaje a la Toscana me metí en varios blogs para ver qué actividades o qué visitar con niños. Lo único que saqué en claro fue muchos parques multiaventuras, para los que mis hijos son aún muy pequeños, el parque de Pinocho -alejado de nuestra ruta prevista-, y la vida slow que la Toscana y sus encantadores pueblitos te proporcionan. Así que decidimos hacer un viaje para mayores con niños, pero prescindimos casi absolutamente de museos, incompatibles con dos niños de casi tres y casi cinco, evitamos grandes escalinatas aún sabiendo que nos perderíamos esas vistas tan espectaculares desde el Campanile del duomo y nos ahorramos también hacer colas innecesarias, si hacía falta nos íbamos a la heladería menos concurrida aún sabiendo que no era la emblemática. Así que Florencia, espéranos porque volveremos, solos él y yo, o quién sabe, dentro de no tantos años también acompañados, para vivir la otra Florencia que nos quedó por descubrir. Y entonces, ¿qué hicimos?

Callejear, comer helados -muchos helados-, jugar en plazas con niños italianos con los que, curiosamente, se entendían a la perfección, perseguir palomas en la Piazza Santa Maria Novella, ver el atardecer desde el balcón del hotel Lungarno acompañados de una copa de vino de Chiantti mirando con caras de bobos al Ponte Vecchio, comer fragole picolina para merendar, subirnos al Tiovivo retro de la Piazza della Repubblica, tirar monedas a todas las fuentes que encontrábamos y pedir deseos -el de F. era que hubiera muchas fuentes-, comer y cenar todos los días o pasta, o pizza o rissoto; degustar comida tradicional en el Restaurante Il Latini, seguir el recorrido del tienditas de artesanos; N. flipó con los vestidos de princesa de la Galeria del Costume del Palazzo Pitti, paseamos y nos perdimos por los senderos secretos del Jardín de Bóboli, tomamos un capuchino con un azucarillo con forma de G en el Gucci Museo Café donde F. disfrutó con los cuentos de su café-librería, tocamos el reluciente hocico del jabalí de la Fontana del Porcellino, comimos crepes a petición de la rubia en la Crepperie la Milkeria, pintamos con tiza en el suelo de la mano de un artista callejero, dormimos todos juntos y revueltos, visitamos San Gimignano, el Manhattan medieval, todos vestidos de verde manzana; paseamos por Siena, la ciudad medieval por excelencia, eso sí, pasaditos por agua; disfrutamos de un hotel que era como un pueblo entero, y vimos el atardecer desde las carreteras  secundarias del Valle D´Orcia, tomarnos un exquisito helado de nocciola a los pies de la Collegiatta dei Santi Quirico e Giulitta en San Quirico D´Orcia, nos columpiamos un buen rato en los columpios de Pienza con unas impresionantes vistas… Uf! Me he quedado sin aliento!

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Tío vivo retro de la Piazza della Repubblica

Jardines de Bóboli

Jardines de Bóboli

Leones del Palazzo Pitti

Leones del Palazzo Pitti

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San Gimignano


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Piazza Santa Maria Novella

Pero viajar con niños también tiene sus sinsabores, ellos se cansan, mucho, así que a continuación algunos truquillos que hacen que al menos para mi fuera todo más fácil:

– Cochecitos, aunque al mayor le arrastren los pies por el suelo. Todos los días dormían un ratito de siesta.
– Coger un par de tupers en la maleta si se va a hoteles a fin de coger algunos tentempiés del bufet del desayuno.
– Hacer una mini compra nada más llegar para los tentempiés. No se los vuestros, pero mis hijos se pasan el día picoteando.
– Alojamiento céntrico. Con los niños se está más tiempo del habitual en el hotel o el apartamento. Además, si ves que se cansan a media tarde, una parada para quitarse los zapatos y hacer unas cabañitas y como nuevos!!
– Dejarles un buen tiempo de esparcimiento en plazas, columpios, mañana y tarde.

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Yo me quedo con esa sensacion de llegar a una ciudad por primera vez, el primer impacto, ya desde que llegas al aeropuerto, descubrir la habitacion del hotel y ver que desde su balcón se puede ver la belleza del Ponte vechio, al atardecer; tomarte un exquisito vinito de Chianti en la terraza de la habitación, solos él y yo… bueno, y ellos haciendo cabañitas con los cojines; me quedo con ese helado que nos comimos a medias  -esta vez con mi pequeño F- sentados a gusto, al solecito, viendo el helado derretirse.

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Y a ti ¿te gusta viajar con niños? ¿crees que les aportan buenas experiencias? o por el contrario, eres de los que cree que a los niños mejor dejarlos tranquilitos en casa…

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7 comentarios en “Escapada a la Toscana con niños, ¿por qué no?

  1. Genial post! Me encantó la zona de la Toscana, aunque nosotros hicimos el viaje antes de tener a las niñas, pero yo soy partidaria de seguir viajando con ellas en la medida de lo posible porque está claro que económicamente sube el tema que no veas…

    • Hola Ana!! Nosotros ya empezamos a notarlo, porque a F (4 años) ya no lo metemos en una cuna (jajajaj), y dormir los cuatro en una cama es inviable, al día siguiente del cansancio no daríamos pie con bola, así que nos apañamos con una supletoria, pero en cuanto crezcan un poco… Gracias por pasarte por aquí!!

  2. Totalmente de acuerdo. Viajar y conocer mundo enriquece su educación. El nivel de aprendizaje en la vivencia de una experiencia nada tiene que ver con lo aprendido desde la clase o el sofa de casa.
    Como sabes en casa siempre viajamos con niños, de hecho Lía comenzó a viajar a sus 3 semanitas. Se vino conmigo y la abuela a Londres. Cierto es que ahí poco aprendió jajajajaja, pero soy de las que considera que vivir un viaje con niños es mucho más gratificante (para mi) que sin ellos, porque todo lo nuevo que descubren en un viaje, yo lo vivo de una manera más intensa que si lo descubriera sola. Es más, me tengo que obligar a viajar sola con mi marido (q tambien es necesario) porque siempre de primeras elijo ir con ellos!!!!
    Un beso guapisima!

    • Para serte franca, casi ni me acuerdo de la sensación de ir sin niños… más allá de una cena y poco más! En muchos momentos lo necesito, pero también los echo de menos, me he acostumbrado a que seamos un pack! Mis renacuajos también empezaron prontito a ir de un lado a otro, y N también cogió su primer avión con sólo tres semanas. Somos almas gemelas Patri… jajajaj!!!

  3. Hola,
    Acabo de descubrir tu blog buscando una ansiada, y tal vez no muy lejana, escapada a la
    Toscana. Con mis hijas claro, si no, ¿para que viajar?

    Ya, la foto de perfil hablaba por si misma del buen gusto que rezuma este blog

    Pero fue leerlo para darme cuenta de la enorme y preciosa sensibilidad que demuestras.

    Gracias por ser y estar.

    Kike.

    • Gracias, gracias y mil gracias Kike! Por tus preciosas palabras, por leerme y por comentar (que todos sabemos que suele dar mucha pereza…). Espero que te sea útil la información y que lo disfrutes tanto como nosotros! La familia Mar del Norte ya no concibe viajar sin ellos… Un abrazo y ya me cuentas!

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